viernes, 4 de abril de 2014

4. El útero o el corazón arcaico - EUROPA INDIGENA

 Si las niñas bailasen las danzas del vientre con sus hermanas mayores,
sus madres, sus abuelas, y nadasen como sirenas, crecerían sin parar de
mover las caderas, la pelvis, el útero; y éste volvería a ser como un
pez que se mueve en nuestro vientre, tal cual lo representaban en el
neolítico. Cuando se habla de recuperar nuestro cuerpo de mujer, en
concreto quiere decir recuperar la sensibilidad y el movimiento uterino.
Que nuestro vientre canalice y exprese nuestra emoción y nuestra
alegría de vivir.
Casilda Rodrigañez

4. EL UTERO O EL CORAZON ARCAICO


Ánfora cretense

Ánfora cretense
El útero aparece representado en el arte simbólico de la vieja
Europa bajo muy diversas formas (huevo, pulpo, medusa, bucráneo,…) y en
territorios geográficos muy distantes. Para aquellos
pueblos, cuya cosmovisión se basaba en lo que Gimbutas llamaba la
celebración de la Vida, el simbolismo de útero representaba, además de
la matriz de la Diosa de la que surgen todos los seres
vivos, la matriz sagrada de dónde nace la vida humana. Es de suponer
por tanto que, en aquellas culturas matrifocales en las que la
maternidad vertebraba la organización social de la comunidad,
el útero fuera uno de los símbolos sagrados de mayor importancia.



Sin embargo, a lo largo de los últimos milenios, el útero como todo
lo que tenía que ver con la sexualidad femenina, ha sido
sistemáticamente reprimido de nuestro universo simbólico. Esto ha
producido en la   mayor parte de mujeres occidentales un
distanciamiento con su punto energético más importante, provocando a su
vez un efecto cadena sobre la sexualidad en general y la
maternidad en concreto.



Afortunadamente, los estudios científicos de las últimas décadas
están haciendo retornar el conocimiento perdido sobre las sorprendentes y
vitales funciones de este órgano generador de vida.
Dicho conocimiento resulta imprescindible para comprender como fue
la vida arcaica en las culturas matrifocales e intentar recomponer
nuestra primitiva identidad perdida. Con este fin, hemos
seleccionado dos extractos de los libros de Casilda Rodrigañez. El
primero relacionado con el parto y el segundo sobre como recuperar la
sensibilidad uterina. Recomendamos la lectura completa de
estos libros para todo aquel/lla que quiera profundizar en el tema.



Útero, parto y sexualidad



-Extracto de “La sexualidad de la mujer” de Casilda Rodrigáñez.



“A lo largo de unos años nos hemos ido encontrando con una serie de
datos que, en principio, casi no llaman la atención ni sugieren nada;
son datos sueltos, que en su desconexión no resultan
significativos; son como las piezas de un puzzle que, almacenadas en
algún lugar de nuestra conciencia a la espera de ocupar su puesto en la
resolución del puzzle.



a) Para Masters&Johnsons, las contracciones
uterinas son un componente esencial en todo orgasmo femenino. Marise de
Choisy va más lejos al afirmar que éste... “tiene su
origen en el cuello del útero. Y que si los psicoanalistas, desde
hace tiempo, vienen confundiendo el orgasmo cérvico-uterino con el
orgasmo vaginal, no es sólo debido al narcisismo masculino, ni
tampoco sólo a la ignorancia femenina, sino también porque las
cérvico-uterinas no frecuentan nuestras consultas”.



b) Bartolomé de las Casas y otros viajeros del
siglo XVI han escrito que las mujeres de las poblaciones que habían
encontrado en zonas del planeta desconectadas de nuestra
civilización parían sin dolor.



c) Histeria viene de hysteron, es decir, de útero.
En la Antigua Grecia se creía que las enfermedades nerviosas o
histéricas de las mujeres eran debidas a que el útero sufría un
desplazamiento hacia arriba. Platón y otros hablan del vientre
errante, de un animal dentro del animal.



d) El útero aparece sistemática y cuantiosamente
reproducido en la cultura que ahora se está desenterrando de la llamada
Antigua Europa, datada entre el 6.500 y el 3.500 a.c. En
aquel mundo simbólico, el útero era aquello cuyo latido significa la
vida; algo análogo a lo que en nuestro mundo simbólico significa el
corazón: el amor y la vida.



La arqueología está obteniendo datos sorprendentes y reveladores de
aquella civilización. Con esta información se vuelve evidente que lo que
relata el Génesis (datado precisamente hacia el 3.000
a.c.) no es la creación de la naturaleza humana, sino las
condiciones de un nuevo modo de convivencia y de ser humano que se
imponen contra otras, y que incluyen el parto con dolor, la
transformación del hysteron en histeria. De hecho, el Génesis habla
de un paraíso del que fueron expulsados nuestros primeros progenitores;
es decir, que aunque lo de primeros da pie a pensar que
desde el principio esa fue nuestra condición, no pudieron omitir la
existencia de otro mundo anterior al actual. ¿Por qué si no inventar la
historia de un paraíso, de una serpiente-demonio, de un
Árbol del conocimiento del bien y del mal cuya accesibilidad queda
también prohibida con la expulsión del Paraíso?



e) La oxitocina, que se utiliza como oxitócico,
como dilatador del útero en la medicina, se empleaba en las orgías
eleusíacas por medio del hongo del cornezuelo de centeno. La
misma química, una aplicada en el parto con dolor forzado, la otra
como afrodisíaco. La misma hormona (la oxitocina) que está presente en
el parto para dilatar el cuello uterino es también la
hormona del orgasmo, que por ello se la conoce como la hormona del
amor.



f) En los partos actuales existen casos de partos
orgásmicos. Y según los que lo han estudiado, como Serrano Vicens,
Merelo-Barberá y el Dr. Schebat del Hospital Universitario de
París, son más frecuentes de lo que se cree.



g) Dentro de la práctica de partos alternativos o
humanistas existe la constatación de Michel Odent de que cuanto menos se
interfiera, cuanto menos se provoque el neocórtex de la
mujer, haciéndola presta atención (racional) a conversaciones, y
cuanto más desinhibido permanezca el cerebro ancestral, más fácil
resulta el parto. La mujer está en ese clima de confianza y de
cierta intimidad.



CASOS DE RECUPERACIÓN DE CIERTA SENSIBILIDAD UTERINA. Lo que acabó
de retener nuestra atención sobre este tema, fueron los testimonios de
unas mujeres que habían recuperado una cierta
sensibilidad uterina, tras la lectura del libro de Merelo-Barberá,
en el que afirma que la mujer se socializa en la ruptura psicosomática
entre la conciencia y el útero. Esta percepción o
sensibilidad, aunque difícil de traducir en palabras, fue descrita
así:



En el momento del orgasmo habían empezado a percibir, en el centro y
en el interior de la cavidad pélvica, como una ameba que se retrae y
que se expande rítmicamente con cada oleada de placer.
Podía también asimilarse al latido de un corazón, aunque más lento, o
al latido del cuerpo de un rana. En el momento en que se termina el
movimiento de retraimiento y comienza la expansión,
podían empujar y amplificar la onda expansiva, lo mismo que en las
contracciones de la fase expulsiva del parto, o al defecar, cuando
vienen las ganas como normalmente se dice. Al ampliar la onda
expansiva del latido, se amplifica al mismo tiempo la contracción
uterina y la ola de placer.



Esto supuso un cambio en el modo de percibir sus cuerpos y en su
sexualidad. El simple hecho de dirigir la atención/pensamiento al útero
produce excitación y placer ubicados en las paredes del
útero y en los pechos.



Otra amiga nos comentaba que entre la tercera y la octava semana de
un embarazo, se encontraba en un estado de bienestar flotante
permanente, que podría calificar de pre-orgásmico. Lo relacionaba
con el concepto de “gravidez”, de sentir la matriz pesada, hinchada,
presionando el suelo de la cavidad pélvica.



Contrastados estos testimonios con Juan Marelo-Barberá, este afirma
que el útero efectivamente comienza a palpitar como un corazón desde el
momento en que la mujer se excita sexualmente; a
palpitar y a descender. Afirma que el cuello uterino se hace incluso
visible desde el exterior a simple vista en estado de excitación
fuerte. Por eso en la Antigüedad la mujer frígida era aquella
cuyo útero no podía moverse y descender. Luego se invierte la
valoración: la mujer cuyo útero se mueve como un pez es una mujer
lasciva y pecaminosa; la del vientre errante, la del animal dentro
del animal; la que no está castrada ni sometida al varón.



LA FISIOLOGÍA DEL PARTO. Un animal crece a partir de una sola
célula, un zigoto que crece hasta hacerse un embrión. Este proceso
requiere una protección especial, porque el zigoto/embrión no
puede dársela a sí mismo. Las especies animales que no se dotaron de
una protección adecuada, no prosperaron. Una vez más, una forma de
simbiosis entre dos seres vivos resuelve el problema de la
conservación y regeneración de la vida. Los huevos de las aves
tienen una protección, una cáscara de calcio que no puede ser más dura y
proteger más de lo que hace, porque, dado que se trata de
una estructura ovoidea herméticamente cerrada, el embrión mismo
tiene que poder romperla cuando llega el término: esto, la salida,
determina su fragilidad. El invento de los mamíferos es
sorprendente, como todo o casi todo en la evolución de las formas de
vida. La madre guarda dentro de sí el óvulo fecundado en lugar de
expulsarlo y lo protege al tiempo que se protege a sí misma,
con su movilidad, su propia nutrición, etc. Pero debe resolver la
contradicción entre la consistencia de la envoltura protectora y la
salida del embrión de dicha envoltura en su debido momento.
La contradicción la resuelve el tejido muscular: fuerte y a la vez
elástico y flexible, conectando con el sistema nervioso de la madre, y
formando una bolsa con una puerta de salida que puede
cerrarse y abrirse. Una articulación (la neuromuscular) puesta a
punto para la locomoción, bombear la sangre (el corazón es tejido
muscular), etc., combinando el sistema nervioso involuntario y
el voluntario. Aquello que nuestro organismo debe ejecutar
sistemáticamente (el bombeo de la sangre, la respiración, la digestión
cuando llega alimento al estomago) se realiza automáticamente por
el sistema nervioso involuntario; pero aquello que sólo se realiza
en momentos determinados, como correr para cazar, coger un fruto de un
árbol, requiere la actuación del sistema nervioso
voluntario, seguramente siempre en conexión con el sistema nervioso
involuntario: los engranajes neuromusculares realizan su cometido a la
perfección.



Entonces intervienen los sentidos: la percepción sensorial indica
cuándo el sistema nervioso voluntario debe ponerse en marcha. Los
sentidos en su origen, antes del desarrollo cultural que los
recrea, están al servicio de la conservación de la vida: el gusto,
la vista, el oído, el tacto, el apetito, et. El deseo sexual, al igual
que el deseo de comer, tiene ese origen.



La reproducción en los mamíferos tiene involucrada una sensibilidad
especial, una inducción de tipo sensitivo que pone en marcha un sistema
de producción de hormonas (la oxitocina del orgasmo y
del parto es una de ellas) para realizar las funciones sexuales
reproductivas. Esta inducción sensitiva es lo que llamamos instinto, o
en los humanos, deseo sexual. Por ejemplo, las cerdas sólo
eyaculan leche de sus mamas cuando son estimuladas por la succión
del lechón. No es una producción continua, sino una serie de
eyaculaciones sucesivas a la estimulación. Si alguien entra en la
cochiquera y distrae a la cerda, deja de hacerlo. Hemos visto parir a
una gata varios gatitos. Cuando terminaba de lamer la bolsa y de
comerse la placenta de un gatito, reactivaba las
contracciones para expulsar al siguiente. Como si pudiese controlar
de modo voluntario las contracciones uterinas.



Unos versos mesopotámicos del tercer milenio a.c. nos dan a entender
que los humanos de los tiempos en los que las mujeres parían sin dolor,
tenían también el útero en el sistema nervioso
voluntario:
Ninhursaga, única y grandiosa,

contrae la matriz;

Nintur, que es una gran madre

desencadena el parto.


¿Qué mejor invento podría hacerse para tener seguro al embrión y
para que salga cuando llegue el término, que la fuerte, dúctil y
elástica bolsa uterina, con su cuello que cierra firmemente y es
a la vez capaz de abrirse? En este contexto situamos las
contracciones uterinas para dilatar el cuello. Ahora bien, no es lo
mismo mover un músculo contracturado, rígido, que está  medio
atrofiado por no ser usado, que mover un músculo distendido y que es
utilizado habitualmente. Actualmente parimos con el útero rígido, sin
elasticidad, medio atrofiado y sin que el deseo estimule
la producción de oxitocina. Por eso duelen también las reglas.



La sexualidad en la que nos educan es la sexualidad de un cuerpo
despiezado, escindido en cuerpo y alma. Lo que llamamos cuerpo es en
realidad el subproducto de un cuerpo despiezado y en buena
medida desvitalizado. La clave de esta escisión es la ruptura
psicosomática entre la conciencia y el útero, como dice J.Merelo
Barberá.



El cuerpo que la mujeres creemos que tenemos, es un cuerpo al que le
ha sido arrebatado el órgano central de su sistema erógeno; es un
cuerpo sin útero, con un sistema erógeno que comprende sólo
vagina y clítoris.



Y todo esto, establecido por la Ciencia; porque cuando la sexualidad
fue abordada científicamente en el siglo pasado, la sexualidad femenina
que se definió fue la de un cuerpo castrado,
devastado, despiezado; sometido y explotado: una sexualidad
falocrática, vaginal y/o clitoridiana. Aunque algunos llegaron a
reconocer que había algo indefinido en la sexualidad de la mujer
(Groddeck), que era un  continente negro inexplorado y desconocido
(Freud al final de su vida, Lacan). ¡Y tan desconocido!



¿Y qué ocurre realmente con la verdadera libido y anhelo de la
mujer?. El deseo se reprime, se sublima en amores románticos y
espirituales, se manipula y, finalmente, lo que queda después de toda
esta descomposición, se orienta hacia el falo, dejando un rastro de
enfermedades psicosomáticas que prueban la quiebra de la autorregulación
de la vida: partos traumáticos, histerias, depresiones
post-parto, falta de leche, dolores menstruales, etc.



Pensemos en nuestro útero inexistente; en nuestro tejido muscular
uterino. Y pensemos en que si una simple inmovilización durante algún
tiempo por una escayola requiere después ejercicios de
rehabilitación para que el tejido muscular se recupere, ¿qué sería,
por ejemplo, de un brazo que hubiese permanecido inmovilizado durante
toda la vida porque no sabíamos que teníamos ese brazo ni
para que servía? Y si quisiéramos utilizarlo, nos encontraríamos con
unos músculos que habrían perdido su elasticidad, rígidos y
contracturados. Y como todo el mundo sabe lo que duele un
calambre, podemos entonces entender los dolores de la dilatación del
cuello uterino en nuestra sociedad. Es significativo que en el Génesis
se diga “parirás con dolor”, como algo nuevo que iba a
ser y que antes no era.



Todavía hay una observación más sobre la fisiología del parto en la especie humana:



Al adquirir la posición erecta, el plano de inclinación del útero se
hace casi vertical, quedando el orificio de salida hacia abajo,
sometido a la fuerza de la gravedad, Esto supone/requiere un
perfeccionamiento del dispositivo de cierre y apertura del útero, un
cierre más fuerte para sujetar 9 u 11 Kg. De peso contra la fuerza de
la gravedad. Y el dispositivo de cierre y apertura del
útero no es otra cosa que el cuello, cuya relajación total deja una
abertura de hasta 10 cm. de diámetro. Por eso “el origen del auténtico
orgasmo femenino está en el cuello del útero”. Nuestra
opinión, contrastada con Merelo-Barberá, es que el orgasmo fue el
invento evolutivo para accionar el dispositivo de apertura del útero.



Esto da coherencia a los datos inconexos del punto 1º, y permite
acercarnos al modo de vida que expresa la simbología de la cultura
pre-patriarcal: explica el paso del útero al corazón, del
hysteron a la histeria, de la serpiente como símbolo del bien a la
serpiente como símbolo del mal”. Extracto de Casilda Rodrigañez “La
sexualidad de la mujer”.





 
 
b) La recuperación del “latido del útero”



“Si las niñas bailasen las danzas del vientre con sus hermanas
mayores, sus madres, sus abuelas, y nadasen como sirenas (con las
piernas juntas), crecerían sin parar de mover las caderas, la
pelvis, el útero; y éste volvería ser como un pez que se mueve en
nuestro vientre, tal cual lo representaban en el neolítico. Cuando se
habla de recuperar nuestro cuerpo de mujer, en concreto
quiere decir recuperar la sensibilidad y el movimiento uterino. Que
nuestro vientre canalice y exprese nuestra emoción y nuestra alegría de
vivir.”




-Extracto del libro de Casilda Rodrigañez  “Parirás con placer”:



“Tenemos varias “pistas” que podemos seguir. Una de ellas es la
tradición olmeca que están recogiendo algunas mujeres, como Silvia
Sterbova y Elena Lázaro; recuperando el pensamiento y los
ejercicios de aquella civilización para expandir la energía
femenina, nos proponen las prácticas femeninas para lo que ellas llaman el 'despertar del útero'. Esto está directamente
relacionado con lo que dice Carlos Castaneda en su libro “Los pases mágicos”: Según Don Juan Matus, uno de los intereses más concretos de los chamanes que en la antigüedad vivieron en México
es lo que denominaban 'la liberación de la matriz'
...A los chamanes les interesaba el despertar
de la matriz porque, a parte de su función primaria reproductora,
sabían de una
función secundaria; una capacidad para procesar conocimientos
directos sensoriales e interpretarlos directamente sin el auxilio de los
procesos de interpretación que todos conocemos (lo que
también podemos llamar 'conocimiento o intuición visceral' de lo que
desean l@s hij@s, por ejemplo). ...



Al igual que otros chamanes de su linaje (Don Juan) estaba
convencido de que si se apartan del ciclo reproductor, la matriz y los
ovarios se convierten en herramientas de percepción, y
ciertamente, en el epicentro de la evolución.... En virtud de los
efectos de la matriz, las mujeres ven directamente la energía con más
facilidad que los hombres, decían y se quejaban de que las
mujeres no son conscientes de su capacidad.... Resultaba paradójico
que la mujer tuviese a su disposición un poder infinito y no se
interesara por conseguirlo. Don Juan estaba convencido de que
esta falta de deseo de hacer algo no era natural, sino adquirida.




Quizá si las mujeres estaban menos interesadas que los chamanes en
la evolución humana en sentido general era porque estaban más
interesadas en la evolución concreta de sus criaturas y a ello
dedicarían su 'energía', su capacidad de percepción, su intuición.
En cuanto a las funciones secundarias, cabe imaginar, y así debió de ser
por las informaciones que tenemos, que en un contexto
matrifocal, a las mujeres les sobraba energía y tiempo para
desplegar su capacidad de percepción y su intuición a otros aspectos de
la vida y de su conocimiento.



En cualquier caso, 'los pases mágicos', o sea, lo que nosotras
llamaríamos 'ejercicios', que Castaneda recopila, sin duda favorecen el
despertar de la sensibilidad uterina, puesto que tienen por
objeto anular las consecuencias de la socialización nociva que las (nos) vuelve indiferentes.
 



En nuestra cultura, la matriz es una gran desconocida; ha sido
rebajada a una víscera con un papel casi vegetativo, cuando no como un
sifón de un sistema de cañerías. Sin embargo, si el cerebro
es una especie de unificador a ciertos niveles de nuestra percepción
y de nuestra voluntad, a otro nivel, la matriz es otro centro de
percepción y de toma de decisiones (las 'viscerales').
Podríamos decir que el 'alma' en el sentido de 'ánimo' de la mujer,
en cierto modo es la matriz. En este mundo la mujer está 'desanimada',
'desalmada', paralizada, porque la vitalidad genuina de
la mujer es incompatible con esta sociedad y por eso quedó prohibida
y excluida de este mundo (des-terrada al Hades); como dice Melandri, es como si el existir de la mujer se hallase ya
incluido en una forma de existencia que la niegan en cuanto a mujer
;
como si la única posibilidad de existir en este mundo tuviese como
condición la 'indiferencia' de la matriz, la
castración de la mujer que después tres o cuatro milenios de
dominación física, se efectúa ya a nivel simbólico e inconsciente (No
por casualidad en la Biblia, el establecimiento de la sociedad
de dominación sobre todo el ecosistema se enuncia paralela y
simultánea al parir con dolor.) y esta castración de la mujer trae
consigo, tanto la congelación de su 'capacidad de percepción' que
decían los chamanes, como el realizar la función primaria
reproductora en ese estado de 'indiferencia',- lo que con otras
palabras, llamamos 'robotización', que quiere decir eso,
'des-animación',
o 'des-vitalización'.



Desde el campo del psicoanálisis y de la sexología, la psicoanalista
francesa Maryse de Choisy ha constatado, referido al útero, algo muy
parecido a lo que dice Michel Odent referido a los
médicos obstretas: no saben lo que es un parto porque sólo han
conocido los partos hospitalarios; entonces se dedican a hacer 'ciencia'
y a sentar cátedra sobre el parto de una manera falaz,
sobre una base no verdadera, no cierta. Maryse de Choisy dice que
los profesionales de la sexología, que han 'sentado cátedra' sobre la
sexualidad, lo han hecho basándose en un tipo de mujeres
determinado; pero como dice ella, las mujeres 'uterinas' o 'cérvico
uterinas' no se preocupan por la sexualidad ni acuden a las consultas de
los sexólog@s. Es algo como que nadie se preocupa de
su hígado mientras le funciona bien, y sólo empieza a preocuparse
cuando le deja de funcionar bien; a continuación, imaginemos lo que
sería ir a un médico que desconoce el funcionamiento normal
del hígado a que te lo arregle... Se institucionalizaría una
patología hepática mantenida y reproducido por el Poder médico. Hace
poco hablando con un grupo de gente joven, una chica decía que
ella no había hablado nunca con nadie de que notaba y sentía su
útero porque pensaba que era lo normal, que todas las mujeres lo
sentían. Así concluíamos que era muy importante hablar de ello,
eliminar el pudor absurdo que pueda haber, que solo sirve para
mantener la ignorancia.



Maryse de Choisy después de diez años de trabajo con cuestionario,
ofrece una perspectiva sobre el orgasmo femenino que rompe la
tradicional dicotomía 'orgasmo vaginal-orgasmo clitoridiano'. El
orgasmo más global e importante de la mujer, afirma, no es ni
vaginal ni clitoridiano; apretando los muslos o los glúteos
firmemente (las mujeres) alcanzan un tipo de orgasmo que arranca en
el centro de su cavidad pélvica, en algún punto muy profundo de su
interior, y se expande por todo el cuerpo... pues el verdadero orgasmo
femenino es cérvico-uterino, o tiene su origen en
él...




Tenemos también la pista a seguir de las mujeres de la India,
que nos proponen la práctica de la visualización, con los pétalos de la
flor de loto abriéndose... o la imagen de
las ranas pre-colombinas palpitando rítmicamente como un corazón... o
el animal errante de Platón y otros, quitándole la intención peyorativa
y visualizando/sintiendo una preciosa ameba que se
alarga y se encoge y se vuelve a alargar, y se mueve, una onda tras
otra, como las parras de las cenefas y frisos, que se enroscan una tras
otra, (y de las que cuelgan formas uterinas en lugar de
racimos de uvas); una ola tras otra, como los dibujos de los
tentáculos de los pulpos en las vasijas neolíticas... hasta que el
útero, más allá de su forma, se hace todo latido, pulso, ritmo, que
irradia y expande el placer (por eso la oxitocina y el placer son
también pulsátiles y rítmicos).





 



O la 'pista` de las mujeres de Arabia Saudí,
bailando la danza del vientre en corro alrededor de la parturienta, para
inducir su movimiento uterino... o el movimiento de los
delfines, o la experiencia conocida de la pornografía por la cual
sabemos que el neocórtex puede inducir la excitación sexual, a falta del
deseo de el/la otr@, y no solo la falocéntrica...



La danza del vientre, dice Karmele O'Hanguren: no tiene fecha de
nacimiento, pero parece ser la supervivencia de una forma de danza
ligada a los ritos de fertilidad y maternidad, ya que
reproduce simbólicamente los movimientos de la concepción y del
alumbramiento... En sus distintas versiones, que van desde el raks
sharki con música clásica árabe, al estilo baladí más popular,
la danza del vientre es uno de los bailes más sensuales del mundo
reservado únicamente a mujeres. .... Las mujeres que la practican
obtienen importantes beneficios fisicos, como la regulación de
los ciclos menstruales, la renovación de la energía corporal y un
conocimiento mayor del cuerpo y de los propios sentimientos. No requiere
un cuerpo escultural ni un vientre plano, por lo que las
aprendices de bailarinas aprenden a amar su cuerpo y a descubrir su
gracia y su sensualidad. Por estos motivos, la danza oriental vive un
momento de gran auge,... lo que la experta Isabel Fuentes
ha constatado en su academia de baile de Granada...




Por último, recordar que los ejercicios que se recomiendan para
fortalecer los músculos pélvicos en la preparación al parto, también
sirven en las no embarazadas para despertar el útero
inmovilizado.



También podemos afirmar que mujeres que conocemos, sin mediar
prácticas femeninas olmecas, ni visualizaciones hindúes, ni pases
mágicos, ni danzas del vientre, con el solo hecho de saberlo, han
recuperado la percepción sensible de su útero.  Por eso creo que aun
siendo difícil, no es imposible perder la rigidez e insensibilidad
producidas por la represión de la sexualidad básica, a
lo largo de toda una socialización castradora.



El yoga también nos puede ayudar. Yo no lo practico ni lo conozco, pero transcribo una carta de un amigo: Tanto el yoga... como
otras terapias se basan en los siete chakras
de energía del ser humano. La kundalini (representada simbólicamente
con una serpiente enroscada) es la energía vital que se encuentra en el
segundo chakra, a la altura de los genitales, y la
función de este chakra es movilizar la kundalini (la serpiente se
desenrosca y se mueve) y redistribuirla por todos los otros cinco
chakras (el primer chakra, que se encuentra más o menos entre
los genitales y el ano, es el encargado de tomar contacto con la
energía vital de la tierra para que el segundo chakra la pueda
canalizar). Tanto en yoga como en las psicoterapias corporales que
te comento son práctica habitual ejercicios de movilización de la
cadera para activar la kundalini, es decir, la energía vital  y/o
sexual. Una persona con poca movilidad y conciencia de esa
parte del cuerpo es una persona que no canaliza correctamente esa
energía. Es un poco como las danzas del vientre de las sociedades
matrísticas del neolítico...




[…] Otro, aspecto que tiene que ver con la represión de la
sexualidad femenina, que se inicia en la más temprana infancia, es la
estricta educación postural que nos disciplina para sentarnos en
sillas con las piernas juntas y la pelvis rígida, forzando el ángulo
recto e impidiendo su posición natural y su balanceo.





 





La vida a ras de suelo, como todavía vemos en algunos pueblos no
occidentalizados, y concretamente la posición en cuclillas, con el sacro
casi tocando el suelo, las piernas dobladas y abiertas a
la altura del pecho (tal y como aparece la mujer de la etnia san en
la fotografía), hace que el útero quede suelto y descienda; en cambio
cuando nos sentamos en una silla, se queda aprisionado.
La forma de vida a ras de suelo, con su continuo agacharse y
levantarse, además hace que la pelvis esté en continuo balanceo,
movilizando los músculos del vientre. Sabemos que el movimiento de la
pelvis desencadena el del útero; como también sucede cuando
apretamos las nalgas o los muslos, cuyo roce interno acaricia las
paredes uterinas y desencadena su temblor y su latido. Así mismo la
forma de agachamos cambia.





 





Si nos fijamos, las mujeres africanas y otras de culturas poco
occidentalizadas, se agachan sacando el trasero, a diferencia de las que
hemos sido educadas en Occidente, que hemos aprendido a
agacharnos forzando la columna vertebral, para doblamos metiendo el
trasero sin balancear la pelvis; aquí, agachamos sacando el trasero se
consideraría una obscenidad.





 





Sin embargo, nuestra manera de doblarnos para agachamos, no es
natural ni es buena para la columna. Invito a probar a agacharse sacando
el trasero, para comprobar que de esta manera, la columna
siguiendo los huesos pélvicos, no sufre; por el contrario, es una
postura cómoda en la que se puede realizar cualquier tarea. Todo esta
educación que acontece a lo largo de la socialización de
las niñas, es lo que hace que desde hace siglos los úteros sean
espásticos y que el parto se realice con dolor. Casilda Rodrigañez.





 


4. El útero o el corazón arcaico - EUROPA INDIGENA

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